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Flor de Loto

| 19 febrero 2010
Hoy no tengo muchas palabras para contar nada. 

Siento el post atípico. Aunque teniendo en cuenta quien pueda leerlo...como para justificarme. jeje.

Hay veces que aunque estés a 10cm de lo que más quieres daría igual que estés a años luz.
Hay veces que aunque desees algo con todo tu alma no lo puedes tener.

Hay veces que no sabes que hacer.
Hay veces que, simplemente, las cosas no salen como te gustaría que salieran.

Y hay veces que darías lo que fuera por cambiar eso. Y en esos momentos estaría bien no tener que perder, poder arriesgar por una flor de loto, sin miedo a qué caiga en el camino. Ni quien.

Hay veces que no puedes hacer nada.

El grupo me pone el estómago pared con pared, pero hoy me viene al pelo. Con dos gintonics me siento en sintonía con Bunbury y todo.

Nunca fue tan breve una despedida
nunca me creí que fuera definitiva
nunca quise tanto a nadie en mi vida
nunca a un ser extraño le llamé mi familia

Nunca tuve fe en mi filosofía
nunca tuve yo ni gurú no guía
nunca desprecié una causa perdida
nunca negaré que son mis favoritas

Nunca una llama permanece encendida
nunca aguanté su calor
nunca más, nunca más de un día
nunca desprecié ser un alma invadida
hasta que vi frente a mí por quién yo moriría

Esta es mi flor de loto
y yo era su sombra
esta es mi flor de loto
mi mundo no se aclarará
tanto vagar para no conservar
nunca nada

Querrás tu rectificar
las líneas de mis manos
¿quién esparcirá al azar los posos del café?
¿Y qué decía la bola de cristal
cuando echó a rodar?
¿Qué más puedo necesitar?
Tengo algo que perder
¡no puedo perder!

Flor de loto
flor de loto
flor de loto
fácil es buscar
fácil no encontrar

Querrás tu rectificar
las líneas de mis manos
¿quién esparcirá al azar los posos del café?
¿Y qué decía la bola de cristal
cuando echó a rodar?
¿Qué más puedo necesitar?
Tengo algo que perder
¡no puedo perder!


El vídeo aquí:



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Ocho Horas 15:00

| 14 febrero 2010
De no ser porque ibas de negro, habrías parecido tan gris como ellos. Pero ibas camino del restaurante, pensando en un rostro que tantas alegrías te había dado. Quemándote ya el día en el pecho, la verdad.

Por el camino te pones a pensar, a recordar momentos, lugares, situaciones. En cómo estás. También tienes trabajo y esas cosas, pero quedan en segundo plano al lado de esto. 
De pronto llegas al restaurante. Te quedas mirándolo, pensativo, como asustado. ‘Lo recordaba distinto’ murmuras, mientras abres la puerta.

–    ‘¿Perdone, es este el restaurante “Amoedo”?’ resuena una voz.
–    ‘Sí’, respondes. ‘Justo está aquí…’ te quedas callado al levantar la vista.
–    ‘¿Tan fea vengo?’
–    ‘No, para nada’, respondes mientras la contemplas sonriente. ‘Para nada’ repites.
–    ‘Tu tampoco estás mal’, le dices mientras la coges por la cintura y le das un beso.


El maitre carraspea levemente para hacerse notar, y tras un parpadeo te percatas de su presencia.

–    ‘Buenas tardes, ¿tiene reserva?’.
–    ‘Sí…’ le confirmas mientras le das la tarjeta.
–    ‘Muy bien, ¿mesa para uno?.
 
 
 
–    ‘Sí... como siempre’ respondes mientras la realidad te cruza la cara de golpe.
 
Derrotado, zanjas el tema diciendo:
 
–    ‘Esta vez no deje el segundo servicio de mesa...sé que no vendrá nadie'
 
 
 
 
FIN
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Dedicado a todos los que echan algo de menos un día como hoy, no por ser hoy, si no porque hoy es imposible evadirte de ello.
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Ocho Horas... 14:45

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Vas bien de tiempo. ‘Menos mal que me he ido antes, si no, el atasco me lo como fijo’. A la hora que has salido no has tenido problemas, lo único Madrid, que ya se sabe, es un caos para cualquier vehículo, pero tampoco te has retrasado mucho. ‘Solo falta buscar aparcamiento’, te dices mientras giras en el semáforo para entrar en la calle del restaurante. Ni te lo piensas, enfilas al parking subterráneo y lo dejas ahí. ‘Solo por no malgastar el tiempo prefiero pagar los 3€ o 5€ que te cobren.’

La zona no era especialmente bonita: ni las moles grises de las oficinas, ni los árboles que quedaban en pie la hacían atractiva. En todo caso, la helada que cayó hacía que los espejos que se habían creado en el suelo reflejasen algo del azul del cielo, ofreciendo un contraste interesante. Era una calle más, en definitiva, por la que cada día pasaban cientos de grises personas sin siquiera saber que nombre tenía.
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Ocho Horas... 14:12

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Ya es hora de marcharse. Es un poco antes de tu hora, pero no quieres pillar atasco, así que te vas preparando. 
Un rápido vistazo a tu puesto pone las prioridades: lo primero es recoger la mesa. El orden del principio del día es caos a estas horas ya. Solo el post-it que enmarca el monitor refleja algo de lógica y paz. Con la habilidad de todos los días, logras recoger la mesa de una forma más o menos limpia y práctica: práctica para no tener que el lunes sacar todo de nuevo, pero también limpia para no entorpecer al personal de limpieza. Tras apagar el porátil, te despides de tus compañeros, mientras recoges el abrigo.

–    ‘Bueno, dama y caballero, que pasen un buen fin de semana, que el que habla, se larga ya’.
–    ‘Lo mismo digo, pásalo bien’, te responde un compañero.
–    ‘Eso, hala, tira  a comer por ahí’ te pica Alba.
–    ‘Sip, y tu a ver si cae  algún pincho el fin de semana, ¿eh?’ le contestas.

Entre risas y demás despedida, te abrigas, mientras revisas qué te olvidas esta vez: ‘Móvil, cartera…llaves’. Están en el cajón, las recoges y cierras la pantalla. Media vuelta y camino del ascensor.

–    ‘Adiós Caballero’ te despides del gerente.
–    ‘Hasta el lunes, descansa, que te lo has ganado’, te responde con gesto de cansancio, pero con una sonrisa en la cara.

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Ocho Horas... 13:00

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‘PRUEBALO AHORA’. 
El mensaje no podía ser más escueto, con las mayúsculas típicas del que las usa para trabajar y las ve como letras normales. 
Efectivamente, ahora sí funciona. No preguntas, te limitas a contestarle ‘OK, funciona ya. Gracias’. Las palabras sobran en estas ocasiones. Algo habrá visto que no estaba correcto, y ya está arreglado. 
Así funcionan los equipos, hay que confiar en los demás. Lo malo es cuando el equipo no es bueno. Te acuerdas de otro programador de Oracle, que tenía principios de grandeza y nunca era su parte la que podía fallar… en fin. ‘Ya pasó’ piensas.

Te enfrascas con las otras pruebas y sigues anotando los checks con el marker en el cuaderno. ‘Qué bonito queda todo correcto, o corregido al menos’ te dices mirando el reloj.

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Ocho Horas... 12:45

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El día se despertó frío. Y el día se había quedado frío. No se habían equivocado los hombres del tiempo: ni el Sol, asomando con fuerza cuando las nubes se despejaron poco antes de las diez de la mañana, ha podido hacer nada contra las bajas temperaturas. 
Los témpanos en las cornisas, el hielo de las fuentes, hijos de la helada de la noche anterior le desafíaban, orgullosos de su aguante. No ocurría así con la gente que había por la calle: todos bien abrigados y sin pararse más que lo necesario, soltando pequeñas vaharadas al respirar. 
De no ser por el movimiento que se apreciaba dentro de los edificios y el burbujear de los coches que cruzaban de vez en cuando por la zona se diría que era una calle fantasma. ‘Aquí dentro se está bastante más a gusto’ piensas.

–    ‘Ya te digo. Dime, ya me puedes preguntar eso’.
La voz te ha sorprendido. Has debido pensar en voz alta. Te das la vuelta y dejas de mirar por la ventana.
–    ‘Si posiblemente no sea nada, Varona, pero por si acaso, ¿puedes revisar el PL que devuelve los datos de las condiciones para que un perfil tenga o no un gráfico asociado, y asegurarme que devuelves 0 si no hay datos?’
–    ‘Si tranquilo, en breve te lo mando’.
–    ‘Gracias tío, eres mi Oráculo.


Mientras se aleja hacia su sitio le oyes replicar sonriente: ‘menos coñas, Druidaman…’. Buena gente. Se encarga de llevar la Base de Datos de la aplicación y es el amo de las tablas. Generalmente no te gusta ser muy plasta con los fallos en lo  que no está muy claro de quien es la culpa, pero como llevas media hora buscando uno y no lo encuentras, has supuesto que puede estar involucrada en el ajo la base de datos.

Marcas en el cuaderno ese fallo para repasarlo cuando Varona te avise y miras el reloj. Para la una lo tendrá hecho más o menos. Te quedan dos puntos por verificar y acabas la jornada. ‘Enga, que esto está hecho’.

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Ocho Horas... 11:30

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‘Si al menos supiese que no va a funcionar nada, podría recoger y cerrar el chiringuito, pero así no hay manera, que forma de perder la mañana…’ piensas, mientras contemplas la pantalla, trabajando a ratos –cuando se puede– y, todo sea dicho, sin concentración.

Ha sido una semana larga. Demasiado. El jaleo de la entrega te ha encadenado a tu puesto de trabajo durante más horas de las que recomiendan los médicos, y te has ganado, al menos, una medalla en marcha por los kilómetros hechos pasillo arriba y abajo: al baño, a la sala de café…y también de trabajo: a reclamar iconos, gráficos –cds también– al diseñador “popie-sinies”, como él dice, que tenemos asignado. El caso es que entre “esta capa me la subes”, “este servicio me lo capas”, “esta pantalla tenía que estar para ayer”… suma y sigue, casi no has tenido tiempo de estar a nada que no sea trabajo, y lo echas de menos, aunque los días pasan más rápido así. En un vistazo a la pantalla ves que están empezando a salir una serie de datos conocidos, parece que toca otro paréntesis de trabajo.
 
Aunque no estás centrado. Perdido en tu mundo de recuerdos… notas que te están llamando.

–    ‘EEEEEHHHHHH!!!!’ ‘¿Hola? ¿Estás ahí?’ te llama Alba.
–    ‘Sí, ya sí, perdona, estaba en mi mundo. Dime’.
–    ‘Nada hombre, si se  veía donde estabas.’ Se ríe. ‘Que decía si te apuntabas al pincho, ya he quedado con estos abajo a menos cuarto’.
–    ‘Gracias, pero no. Parece que el servidor arranca y hay que revisar la entrega de ayer. Prefiero sacrificar el pincho y asegurar la comida, no os lo toméis a mal, ¿eh?’.
–    ‘A ver… Si estuviese aquí éste te crees tú que me iba yo de pincho con vosotros… con el suyo me vale’ te contesta divertida.
–    ‘¡Hala! ya soltó la burrada del día: Alba 1 Coleta 0… de momento, eso sí’ ‘ vocifera el Coleta de fondo.
–    Anda, luego me contáis, ¡Hasta Luego!’.
–     ‘Bye’    

Todavía riéndote te vuelves para la pantalla y te enfrascas en el aburrido mundo de las pruebas y validaciones. ‘Sí, yo creo que me da tiempo a acabar antes de irme’ evalúas mientras observas las que te quedan por comprobar.
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Ocho Horas... 10:23

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‘¡Esto es una puta mierda!’. 
 
El brusco comentario te hace volver al trabajo. En tu pantalla todo está en orden –ni correos ni alertas nuevos–, salvo el girar constante del puntero del ratón –aun no has podido conectarte al servidor– y levantas la cabeza de tu puesto. Ante la imagen no puedes hacer más que sonreir. 
Alba y Mario, dos compañeros, están encenagados mirando su monitor. Mario, de hecho, está con el brazo estirado, señalándolo,  y no se han dado cuenta de que les observas. Te levantas y te acercas, a ver que pasa, aunque lo sabes de sobra. Hoy ha sido “otro de esos días” en los que no se puede hacer prácticamente nada…cosas del CAR3, la máquina en la que trabajas. Que bien podía llamarse GUADIANA, ahora funciona, ahora no. Piensas en las horas y horas sin hacer nada productivo, sentado, delante del ordenador que te has tirado y en lo que cansa. Pero te las pagan igual, son relajadas, y con tanto trabajar a destajo se toman con filosofía. ‘Y la mente puede vagar por otros derroteros'. Una cabellera y una sonrisa se te vienen a la cabeza.

–    ‘¿Os falla algo?’ preguntas divertido.
–    ‘¿Funciona algo?, diría yo’ exclama Mario, con su risa torcida, mientras Alba levanta la cabeza con cara de pocas bromas.
–    ‘La verdad que no, toda la mañana parados’ respondes. ‘Pero lo de siempre, como no es problema de nadie, todo el mundo espera que se resuelva por ciencia infusa. Al menos no tenemos incidencias que resolver’.
–    ‘Al menos habéis entregado’ replica Alba, a nadie en particular, mientras coge el móvil y el tabaco y se aleja, rumbo al pasillo.
–    ‘Venga, ¿le echamos un ojo? Seguro que es una gilipollez’... y te quedas con el vallisoletano revisando el fuente de javascript que estaban editando.

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Ocho Horas... 10:04

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…O no. 
 
Hoy es un día especial. Realmente da la impresión de ser uno de los que hacen que sea especial, todo gracias al comercio, a las ventas y al Corte Inglés, aunque este año le haya salido el tiro por la culata… pero no deja de ser especial. 
 
Es San Valentín, dicen, y entre “talantes”, “Constitución No, Constitución Sí”, “inmigrantes” y demás palabras clave habituales en las conversaciones matutinas, hoy se destacaban las de “regalo”, “ramo”, “cena” y cosas así. Te daba la impresión de que la gente estaba de mejor humor que de costumbre. O tú lo estábas de peor –quizás fuera por eso la impresión–. En más de una mesa y taquilla se ven cartas, paquetes,  y en más de una persona anillos,  corbatas… y las inevitables bromas entre compañeros.

–    ‘Pedro, estoy enfadado contigo, esta mañana no me has dado nada.’
–    ‘Tranquilo Juan, que el regalo te lo doy esta noche, tonta.’

Lo normal de este día. Pero, a decir verdad, el resto de la gente te da igual. Llevas mirando el reloj cada hora, esperando que lleguen las 14:30pm para poder salir pitando. Solo una cosa te puede estropear el día…y confías en que los “telefónicos” tengan tantas ganas como tú de largarse y no estén muy finos hoy.

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Ocho Horas... 08:12

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Con el café, azúcar y galletas en  la mano te diriges al pasillo. Hace ya tiempo que el café de aquí no puedes ni verlo, salvo en casos de necesidad ‘…siempre que haya necesidad de ir al baño, claro’, bromeas mientras sales. Fuera te esperan el resto, charlando entre ellos.

–    ‘Buenos días caballeros’ les saludas acercándote.
–    ‘Buenos días, ¿ya estamos todas?.
–    ‘Falta el Señor Floren, pero sabe donde encontrarnos’ dice el Coleta
–    ‘A las buenas tengamos esta noche, no como yo ayer…’ Comienza a andar Jiménez, mientras se queja de algo, hacia la sala de no fumadores... con toda la intención.
–    ‘Ya estamos con el antitabaquismo de los curas’ dice el Coleta, como resignado, mientras te lanza una mirada cómplice.
Jiménez se gira con una sonrisa lobuna, ya en la puerta de la sala de café. ‘Ya ajustarás cuentas, pecador’ ladra, notándose que esperaba la coletilla. Mientras se ríe el chiste os acopláis a una mesa libre.

Poco a poco las salas del edificio se van llenando de murmullos, de trajes, de olor a café, de humo en las de fumadores: de gente. Por la animación que se siente, nadie diría que se trata de un lugar de trabajo. Floren llega en ese momento.
–    ‘¿Que pasa, Floren?.’ Es el apodo que le pusimos por su similitud (vale, por hacer la gracia) con Florentino Pérez, presidente del Real Madrid (N.del A. Entonces y ahora, que curioso...)
–    ‘Buenas, pues na, como siempre, a ver si ganamos unos milloncejos…, por cierto, la semana que viene traigo yo sobaos’ dice de pasada, con su deje extremeño, buscando unas monedas para el café.
–    ‘Y nosotros que los catemos: los millones y los sobaos’ se oye decir a Jiménez, con mirada pensativa.
–    ‘Tranquilo, que como poco para la hipotéca te doy’.

El desayuno prosigue en su tónica habitual, debatiendo y arreglando el mundo por corros. Pero a  partir de las ocho y media de la mañana, más o menos, a la vez que la gente se empieza a retirar a sus puestos, las salas vuelven a tranquilizarse, a quedarse vacías, silenciosas, como si quisieran hacer la digestión y descansar después de tantos desayunos, reflejando así el pensamiento que tiene casi todo el mundo, de pereza y pocas ganas de estar trabajando…

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Ocho Horas... 08:00

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–    ‘Buenos días,  Caballero.
–    ‘Lo mismo digo’, te replica con una sonrisa el gerente de tu planta, ‘el atasco bien, ¿no?’.
–    ‘Sí, como todos los días. Aunque hoy incluso estaba mejor el aparcamiento’.

Los saludos se repiten en términos parecidos con tus compañeros, mientras te quitas y doblas el abrigo. Es tema recurrente el atasco, el aparcamiento… aunque nadie de los que se quejan de ellos lo cambiarían por el metro –Madrid vuela, claro– y transporte público, ¡pero qué rápido se acostumbra uno a lo bueno!
La verdad es que está complicado. Hace poco empezaron las obras para construir un nuevo polideportivo, y el “barrizal” –nombre cariñoso dado al parking, y que no entendías hasta que llegaron las lluvias– ya está tomado por maquinaria de obra, así que te toca buscarte las vueltas y aparcar en las calles cercanas. Generalmente no hay problemas, pero a estas horas ya se complica.
‘Al menos’, piensas, ‘tienes la ventaja de ver el edificio entero, tranquilamente’. Es una tontería, como muchas otras, pero te gusta el estilo que tiene: mucho cristal, metal y mucho morado y lila, tanto fuera como en las oficinas, mesas... y mucho orden.

Mientras abres el portatil, y dejas que vaya arrancando, echando de menos tu Mac. Trabajando de informático esperabas tener una buena máquina. Pero no, te da tiempo de sobra a colocar tu mesa en el tiempo que tarda en arrancar. Tiempo para sacar el café, el azúcar y la documentación para trabajar. Se supone que hoy no tiene que ser un día especialmente pesado, hace poco (ayer, de hecho) se hizo la entrega de una versión, y ahora estás en la fase “a verlas venir” esperando que el cliente se queje de algo, pero de momento todo marcha bien. A pesar de todo, nunca se sabe, y no sería la primera vez que algo con carácter urgente te obliga a ponerte el gorro de bombero.

Tras introducir la clave de Windows, empiezan a arrancar los servicios y sistemas que tienes predefinidos. “Conexión a las ocho y ocho minutos” delata la ventana de administración, a la vez que el disco duro empieza a ronronear al ponerse a devolver datos al procesador. Mientras aceptas el cuadro de diálogo, sacas el móvil, con intención de escribir un SMS...

Una llamada de teléfono –con su timbrazo simple, indicando que es interna– te saca de tus pensamientos. Un compañero, para avisarte del ritual de todas las mañanas: ‘A las buenas tengamos, secuestro a estos y bajamos’. Lo que quiere decir que ya viene de camino la tropa para el desayuno. Y eso te recuerda que ya olvidabas las galletas, que sacas antes de cerrar el armario.

El silencio cuando el disco duro calla, descansando del primer trabajo del día, te devuelve al presente y pasas la hoja del calendario sabiendo de sobra el día que era. 14 de Febrero. Guardas el móvil y te levantas.

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Ocho Horas... 07:35

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All we need it’s just a little patience…” tarareas siguiendo a Axl Rose mientras te estiras en el asiento. No debería haber follón, pero la M-40 no perdona y, accidente mediante, llevas un buen rato en el atasco. Mientras apoyas la cabeza en el backet echas de menos un asiento normal, blandito. Hoy no vas con tu compañero habitual, cada uno marcha para un lado tras el trabajo y le toca  a Guns’N’ Roses hacerte el viaje más llevadero, cosa fácil, la verdad.

Desde fuera era otro día más, nada hacía indicar lo que de especial tenía: el sol ya se hacía notar por el este, mientras que el trazado de la autovía se adivinaba por las hileras de pilotos rojos, con algún salpicón de “amarillo-auto” donde un teléfono, o un roce habían hecho detenerse algún que otro coche. Si acaso la nota peculiar de la mañana la ponía la sombra que se cernía a la derecha. 
Todavía era una incógnita como empezó el incendio que deshizo el rascacielos, pero el esqueleto del edificio Windsor se adivinaba al fondo, retorcido y moribundo. El fuego lo consumió en una noche, afortunadamente sin heridos, y quedaba esa sensación vaga… como de impotencia, en el aire, avisando de lo frágiles que somos. Había sido la comidilla de los últimos días en las charlas de café del trabajo, pues inevitablemente surgían comentarios jocosos, estilo “ya podía haber pasado aquí” –el lunes a primera hora– y otros más serios sobre el impacto económico que podría traer a otras empresas y cosas así. Por goleada eran más comunes los primeros.

Un pitido te devuelve a la realidad y ves los pilotos del coche de adelante alejarse. Le sigues, ojeando las ráfagas del BMW que llevas detrás por el retrovisor interior. ‘Tan solo hace falta un poco de paciencia, como dice la canción, y todo sería más fácil’ meditas mientras frenas. Según el reloj hace poco dieron las 07:45, y ya vislumbras la curva de enlace a la carretera que te lleva al trabajo. Animado, pues en una media hora sabes que estarás tomándote un café con los compañeros, aguardas mientras Axl sigue cantando. “Cause I need you / ohh  I need you, / this time…” la frase te hace torcer rápidamente la cabeza al asiento de al lado, sabiendo de sobra q no hay nadie…, metes segunda y aprovechas el hueco que hay entre tu coche y el siguiente para que el motor se de una alegría, mirando de reojo el impaciente que llevas detrás. ‘Hijo de puta’, piensas. Parece que tras la salida hacia la M-30 el atasco muere, como siempre sin nada que lo justifique y al son de “Welcome to the jungle” aceleras, dejando que aulle el motor, y te encaminas hacia el horizonte.

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Ocho Horas... 06:23

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Camino del baño piensas mecánicamente la ropa de hoy: pantalón, camisa de gemelos y zapatos marrones, cinturón, evidentemente, a juego. 
 
Te miras al espejo. Desterrado el sueño y el cansancio ya te reconoces.

La verdad, no hay mucho que reconocer, nunca te has considerado especialmente atractivo, aunque eres consciente de que los hay mucho peores. Eso sí, la “curva de Mahou” ahí está, pero tampoco molesta, piensas. El aprobado lo tienes fijo, incluso con nota –eso te dicen, ya ves tú– gracias a la barba que ha ido creciendo con la semana. 
 
La nota de color que da la camisa, levemente aberenjenada, sobre el negro del tu vestimenta te gusta y, satisfecho, sales en busca del abrigo mientras repasas mentalmente qué se te olvida: llaves, cartera… iPhone… Lo recoges de la mesa del salón, y con un vistazo rápido compruebas que todo se queda en orden antes de apagar la luz y marcharte.

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Ocho Horas... 06:15

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‘Qué pronto, o tarde, según se mire…’ reflexionas. 
Que coño. Qué pronto. Aunque el sol no había despuntado aun, no falta ya mucho para ello. Mecánicamente has parado la alarma, como todas las mañanas, y poco a poco vas despertando mientras subes la persiana para comprobar el tiempo. Ayer leíste que las nubes y el frío serán los que manden, y no te sorprende por ello ver el parque helado.

‘…Va a ser pronto, es viernes. Anoche llegaste tarde, las cañitas pasan factura y ya estás mayor para tanto trote, ¡menos mal que mañana ya es sábado!’ piensas, con la mirada perdida en el paisaje. ‘Parece que toca abrigarse otra vez, aunque sea de aquí al coche…’ con esta idea te descubres mirando al cielo, a las estrellas –como mecheros en un concierto– que se dejan ver entre las nubes. Algo que notas por el rabillo del ojo te llama la atención. Es el reloj. Acaba de cambiar de minuto.

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Ocho Horas

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Para celebrar ese día tan magnífico que es hoy, voy a hacer una entrega por episodios. 

Realmente es un escrito mío antiguo, contextualizado al presente y mezclando los hechos de hace unos años con otras actuales.

Es una historia que transcurre a lo largo de lo que indica el título: ocho horas ,y que se irá publicando a lo largo del día automáticamente.

Espero que os guste...

La foto tiene su gracia, es esta: 

Me ha sorprendido que en esa fecha salga algo así lo primero en google...


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Tic … tac … tic … tac…

El sonido del reloj se desliza monótonamente por la habitación, cauto, constante, animando su compás al manto de la noche, con su bordado de estrellas, en su lento viaje por el cielo. Esta oscuro, todo se ve tranquilo y callado, como corresponde al sonido de la calma, al silencio del sueño. Recuerdos de caras, de calles, de abrazos, bocetos de parques, de risas, el abismo de túneles, el cielo de besos… afloran en tu mente, mostrándose en una sonrisa.

 Sin avisar, de repente, la alarma empieza a sonar insistentemente, taladrando, haciendo añicos el escudo del descanso y despertándote.
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Luna ausente

| 07 febrero 2010
Es tarde.

La ventana entreabierta deja pasar el olor del puerto. Aunque estuviera cerrada pasaría, piensas, ¡qué olor!...te acostumbras, como a todo, pero cuando te concentras está ahí, dejando claro que no se vende toda la mercancía, y que el sol no da tregua.

Es tarde.
La chimenea deja escapar el calor del fuego, tintando con su lúgubre ocaso las sombras de la habitación donde descansas tus huesos. Tintando lo poco que hay que tintar, todo sea dicho...

...paredes con desconchones, el viejo jergón...

...la bolsa, correosa de sal, en la que van los pocos enseres que has bajado a tierra, a la espera del próximo buque que te lleve a algún puerto remoto...

...y el tablón que hace las veces de mesa, donde seca ya un papiro con unas líneas escritas, mezclando tinta y lágrimas por según que rincones.

Es tarde, lo sabes, mientras miras por la ventana el cielo perfectamente negro con la luna ausente de él. Cuando pasen cuatro cargamentos de arenques otra vez brillará con fuerza en el cielo, pero hoy no.

Hoy solo brillan dos cosas al trasluz del fuego: los versos del papiro, y tus ojos.



Amarrar sentimientos
plegar miradas.
Fondear las ganas,
a pesar del viento.

Pues bajo luna nueva,
Cual marino añejo.
Persigue sirenas,
este viejo velero.