Ocho Horas 15:00

| 14 febrero 2010
De no ser porque ibas de negro, habrías parecido tan gris como ellos. Pero ibas camino del restaurante, pensando en un rostro que tantas alegrías te había dado. Quemándote ya el día en el pecho, la verdad.

Por el camino te pones a pensar, a recordar momentos, lugares, situaciones. En cómo estás. También tienes trabajo y esas cosas, pero quedan en segundo plano al lado de esto. 
De pronto llegas al restaurante. Te quedas mirándolo, pensativo, como asustado. ‘Lo recordaba distinto’ murmuras, mientras abres la puerta.

–    ‘¿Perdone, es este el restaurante “Amoedo”?’ resuena una voz.
–    ‘Sí’, respondes. ‘Justo está aquí…’ te quedas callado al levantar la vista.
–    ‘¿Tan fea vengo?’
–    ‘No, para nada’, respondes mientras la contemplas sonriente. ‘Para nada’ repites.
–    ‘Tu tampoco estás mal’, le dices mientras la coges por la cintura y le das un beso.


El maitre carraspea levemente para hacerse notar, y tras un parpadeo te percatas de su presencia.

–    ‘Buenas tardes, ¿tiene reserva?’.
–    ‘Sí…’ le confirmas mientras le das la tarjeta.
–    ‘Muy bien, ¿mesa para uno?.
 
 
 
–    ‘Sí... como siempre’ respondes mientras la realidad te cruza la cara de golpe.
 
Derrotado, zanjas el tema diciendo:
 
–    ‘Esta vez no deje el segundo servicio de mesa...sé que no vendrá nadie'
 
 
 
 
FIN
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Dedicado a todos los que echan algo de menos un día como hoy, no por ser hoy, si no porque hoy es imposible evadirte de ello.

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