Ocho Horas... 08:12

| 14 febrero 2010
Con el café, azúcar y galletas en  la mano te diriges al pasillo. Hace ya tiempo que el café de aquí no puedes ni verlo, salvo en casos de necesidad ‘…siempre que haya necesidad de ir al baño, claro’, bromeas mientras sales. Fuera te esperan el resto, charlando entre ellos.

–    ‘Buenos días caballeros’ les saludas acercándote.
–    ‘Buenos días, ¿ya estamos todas?.
–    ‘Falta el Señor Floren, pero sabe donde encontrarnos’ dice el Coleta
–    ‘A las buenas tengamos esta noche, no como yo ayer…’ Comienza a andar Jiménez, mientras se queja de algo, hacia la sala de no fumadores... con toda la intención.
–    ‘Ya estamos con el antitabaquismo de los curas’ dice el Coleta, como resignado, mientras te lanza una mirada cómplice.
Jiménez se gira con una sonrisa lobuna, ya en la puerta de la sala de café. ‘Ya ajustarás cuentas, pecador’ ladra, notándose que esperaba la coletilla. Mientras se ríe el chiste os acopláis a una mesa libre.

Poco a poco las salas del edificio se van llenando de murmullos, de trajes, de olor a café, de humo en las de fumadores: de gente. Por la animación que se siente, nadie diría que se trata de un lugar de trabajo. Floren llega en ese momento.
–    ‘¿Que pasa, Floren?.’ Es el apodo que le pusimos por su similitud (vale, por hacer la gracia) con Florentino Pérez, presidente del Real Madrid (N.del A. Entonces y ahora, que curioso...)
–    ‘Buenas, pues na, como siempre, a ver si ganamos unos milloncejos…, por cierto, la semana que viene traigo yo sobaos’ dice de pasada, con su deje extremeño, buscando unas monedas para el café.
–    ‘Y nosotros que los catemos: los millones y los sobaos’ se oye decir a Jiménez, con mirada pensativa.
–    ‘Tranquilo, que como poco para la hipotéca te doy’.

El desayuno prosigue en su tónica habitual, debatiendo y arreglando el mundo por corros. Pero a  partir de las ocho y media de la mañana, más o menos, a la vez que la gente se empieza a retirar a sus puestos, las salas vuelven a tranquilizarse, a quedarse vacías, silenciosas, como si quisieran hacer la digestión y descansar después de tantos desayunos, reflejando así el pensamiento que tiene casi todo el mundo, de pereza y pocas ganas de estar trabajando…

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