Ocho Horas... 08:00

| 14 febrero 2010
–    ‘Buenos días,  Caballero.
–    ‘Lo mismo digo’, te replica con una sonrisa el gerente de tu planta, ‘el atasco bien, ¿no?’.
–    ‘Sí, como todos los días. Aunque hoy incluso estaba mejor el aparcamiento’.

Los saludos se repiten en términos parecidos con tus compañeros, mientras te quitas y doblas el abrigo. Es tema recurrente el atasco, el aparcamiento… aunque nadie de los que se quejan de ellos lo cambiarían por el metro –Madrid vuela, claro– y transporte público, ¡pero qué rápido se acostumbra uno a lo bueno!
La verdad es que está complicado. Hace poco empezaron las obras para construir un nuevo polideportivo, y el “barrizal” –nombre cariñoso dado al parking, y que no entendías hasta que llegaron las lluvias– ya está tomado por maquinaria de obra, así que te toca buscarte las vueltas y aparcar en las calles cercanas. Generalmente no hay problemas, pero a estas horas ya se complica.
‘Al menos’, piensas, ‘tienes la ventaja de ver el edificio entero, tranquilamente’. Es una tontería, como muchas otras, pero te gusta el estilo que tiene: mucho cristal, metal y mucho morado y lila, tanto fuera como en las oficinas, mesas... y mucho orden.

Mientras abres el portatil, y dejas que vaya arrancando, echando de menos tu Mac. Trabajando de informático esperabas tener una buena máquina. Pero no, te da tiempo de sobra a colocar tu mesa en el tiempo que tarda en arrancar. Tiempo para sacar el café, el azúcar y la documentación para trabajar. Se supone que hoy no tiene que ser un día especialmente pesado, hace poco (ayer, de hecho) se hizo la entrega de una versión, y ahora estás en la fase “a verlas venir” esperando que el cliente se queje de algo, pero de momento todo marcha bien. A pesar de todo, nunca se sabe, y no sería la primera vez que algo con carácter urgente te obliga a ponerte el gorro de bombero.

Tras introducir la clave de Windows, empiezan a arrancar los servicios y sistemas que tienes predefinidos. “Conexión a las ocho y ocho minutos” delata la ventana de administración, a la vez que el disco duro empieza a ronronear al ponerse a devolver datos al procesador. Mientras aceptas el cuadro de diálogo, sacas el móvil, con intención de escribir un SMS...

Una llamada de teléfono –con su timbrazo simple, indicando que es interna– te saca de tus pensamientos. Un compañero, para avisarte del ritual de todas las mañanas: ‘A las buenas tengamos, secuestro a estos y bajamos’. Lo que quiere decir que ya viene de camino la tropa para el desayuno. Y eso te recuerda que ya olvidabas las galletas, que sacas antes de cerrar el armario.

El silencio cuando el disco duro calla, descansando del primer trabajo del día, te devuelve al presente y pasas la hoja del calendario sabiendo de sobra el día que era. 14 de Febrero. Guardas el móvil y te levantas.

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