Luna ausente

| 07 febrero 2010
Es tarde.

La ventana entreabierta deja pasar el olor del puerto. Aunque estuviera cerrada pasaría, piensas, ¡qué olor!...te acostumbras, como a todo, pero cuando te concentras está ahí, dejando claro que no se vende toda la mercancía, y que el sol no da tregua.

Es tarde.
La chimenea deja escapar el calor del fuego, tintando con su lúgubre ocaso las sombras de la habitación donde descansas tus huesos. Tintando lo poco que hay que tintar, todo sea dicho...

...paredes con desconchones, el viejo jergón...

...la bolsa, correosa de sal, en la que van los pocos enseres que has bajado a tierra, a la espera del próximo buque que te lleve a algún puerto remoto...

...y el tablón que hace las veces de mesa, donde seca ya un papiro con unas líneas escritas, mezclando tinta y lágrimas por según que rincones.

Es tarde, lo sabes, mientras miras por la ventana el cielo perfectamente negro con la luna ausente de él. Cuando pasen cuatro cargamentos de arenques otra vez brillará con fuerza en el cielo, pero hoy no.

Hoy solo brillan dos cosas al trasluz del fuego: los versos del papiro, y tus ojos.



Amarrar sentimientos
plegar miradas.
Fondear las ganas,
a pesar del viento.

Pues bajo luna nueva,
Cual marino añejo.
Persigue sirenas,
este viejo velero.


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